Passage des Panoramas

Habría pasado por delante muchas veces sin prestarles mucha atención, hasta que los recorrí con detenimiento en enero de 1989, gracias a la lectura del libro de Bernard Delvaille que compré en una librería de la plaza del Odeon. Guardo muchas notas de las tomadas aquellos días y escribí, tiempo después, una crónica que se publicó en El mundo, «Deriva de los pasajes», no aquel año porque Ganbelita –personaje de A la sombra de la higuera– me dijo que lo iba a  hacer él y que eso no podía ser. Transigí. No debería haberlo hecho, porque encima no escribió nada, pero esas cosas no tienen remedio. Esos días están en mi diario inédito Los días inciertos (1988-1991) que iba a publicar Pre-Textos hasta que la edición se torció de mala  manera. Hoy me da miedo asomarme a esos diarios. Y andar por los pasajes, citando a Benjamin, a Aragon, a Eluard, a este y al otro, me aburre. Vida sin citas, sin esteticismos, de eso se trata, pero de llevar el equipaje que tengas sin reniegos, también. Las cosas en su sitio.

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